Una muerte siempre trae consigo dolor, más aun cuando dicha muerte se produce por la barbarie de un grupo de personas que sin más motivo que el intentar imponer su opinión mediante la fuerza deciden segar una vida. Pero si esta tragedia te toca de cerca, de una forma u otra, entonces en cierta forma tomas como propio el dolor de quienes conocían a la víctima y te unes en su tristeza.
El sábado pasado un grupo de Etarras acababa con la vida de un guardia civil destinado en Francia. El lunes me entere de que este agente había sido alumno del mismo instituto en el que yo estudio, aprendió con los mismo profesores que ahora me ensañan a mi y se sentaba en la clase en la que yo paso la mayor parte del tiempo. Su orla aun esta colgada en el pasillo, desde allí su foto, junto con las de sus compañeros de promoción, mira sonriente a quienes cruzan la galería. Mientras lo miraba el otro día no podía evitar pensar en que unos poco años antes él estaba pasando por los mismo retos académicos que yo, que seguramente en aquel mismo corredor habría conversado con sus amigos y que cuando se hizo aquella fotografía estaría feliz por ir a graduarse, ignorando los pocos años de vida que le quedaban por delante, pensando en su ignorancia que tenia toda la vida por vivir, sin poder imaginar que un grupo de desalmados acatarían con todo eso en cuestión de segundos.
Cuantas muertes sin sentido más tendrán que ocurrir antes de que esta locura cese.
Cuando entenderán los terroristas que no conseguirán nada mediante la violencia, cuando emprenderán que están solos y que su lucha esta perdida.
Desde aquí me gustaría mandar un fuerte abrazo para la familia, no estáis solos, toda España se suma a este dolor.